De la mano de un dispositivo bautizado Friend, en EEUU se abrió hace ya un tiempo un mercado que apunta a las personas que viven gran parte de sus vidas en soledad, sin pareja ni amigos.
El desarrollador Avi Schiffmann diseñó un colgante pensado como compañía y en su sitio ofrece una versión online gratuita y deja el hardware como accesorio opcional de pago por US$129, con envíos a EEUU y Canadá. El dispositivo se lleva al cuello, escucha el entorno y responde por mensajes de texto en el teléfono, no hablando en voz alta.
¿En qué momento algo así se convirtió en un producto viable? En 2024 apareció como preventa y la cobertura inicial lo describía como un proyecto todavía por despachar. Después hubo retrasos, y más tarde empezaron a aparecer reseñas de unidades ya probadas por periodistas.
En 2025, una campaña publicitaria en el metro de Nueva York confirmó la apertura al mercado. Sin embargo, esa campaña terminó con afiches rayados y mensajes de rechazo, señal de que el producto no genera solo curiosidad, sino también resistencia.
Cómo es la experiencia de usar Friend
Friend se presenta como un compañero de IA, no como un asistente de oficina. El colgante tiene micrófonos, se enlaza por Bluetooth con un iPhone y manda sus respuestas a una app.
Si el usuario quiere intervenir, puede tocar el dispositivo y hablarle; luego recibe la respuesta por texto. Esa decisión de diseño importa porque cambia la experiencia: no es un altavoz inteligente ni un chatbot de pantalla, sino un accesorio corporal que acompaña el día completo.
La propuesta comercial también es distinta a la de otros aparatos de IA que intentaron reemplazar funciones del teléfono. Friend no promete resolver tareas complejas ni organizar la agenda. Lo que vende es presencia. Su marketing gira alrededor de la idea de tener siempre a mano una voz disponible para comentar lo que pasó, reaccionar a una conversación o acompañar un momento aburrido o solitario. Ahí está buena parte del atractivo y también del rechazo que provoca.

Ese rechazo viene del entorno de los potenciales usuarios, principalmente, porque al usar Friend en público se puede incomodar a otras personas, precisamente porque el aparato escucha sin que haya una interacción visible todo el tiempo.
La reacción pública fue todavía más clara en Nueva York. Business Insider informó que la empresa gastó más de US$1 millón en una campaña con más de 11.000 anuncios en vagones del metro, más de 1.000 afiches en andenes y 130 paneles urbanos. Muchos de esos anuncios fueron intervenidos con frases contra la idea de comprar un “amigo” artificial.
Schiffmann dijo después que esa respuesta le había parecido entretenida, mientras la empresa reportaba más tráfico y ventas. El episodio dejó a Friend en una posición rara: no es un gadget discreto, sino un producto que obliga a discutir qué tan lejos queremos llevar la compañía artificial.
Friend y la soledad en Estados Unidos
Pew Research Center informó en enero de 2025 que el 16% de los adultos en Estados Unidos dice sentirse solo o aislado todo o casi todo el tiempo. Los adultos menores de 50 años reportan esa sensación con más frecuencia que los mayores.
El mismo estudio mostró otra diferencia útil para entender el contexto de Friend: al buscar apoyo emocional, los hombres dicen con menos frecuencia que recurrirían a un amigo, 38% frente a 54% de las mujeres.
Hay más señales de debilitamiento social, pero conviene leerlas con precisión. El Survey Center on American Life publicó que el 15% de los hombres dijo no tener amistades cercanas, frente al 3% en 1990. También señaló que solo el 27% de los hombres reportó tener seis o más amigos cercanos, muy por debajo del 55% registrado tres décadas antes.
En una encuesta nacional relacionada, más de uno de cada cuatro hombres menores de 30 años dijo no tener conexiones sociales cercanas. Eso no significa que todos los hombres estén solos ni que Friend llegue a cubrir ese vacío, pero sí explica por qué una oferta así encuentra atención.
Desde ese ángulo, es fácil entender por qué existe un dispositivo como Friend. Puede dar una sensación de compañía de baja fricción, servir como lugar para descargar ideas, registrar momentos del día o recibir recordatorios y comentarios. En un mercado donde muchas herramientas de IA compiten por ahorrar tiempo, Friend intenta vender otra cosa: la sensación de que siempre hay alguien disponible al otro lado.
Pero llamar “amigo” a ese producto carga la discusión con algo más serio. La amistad incluye cuidado mutuo, límites, reciprocidad, silencios, desacuerdos y responsabilidad real. Un sistema de IA puede simular conversación fluida y cercanía, pero no comparte riesgo, no responde por sus actos y no sostiene obligaciones como lo hace una relación humana. La discusión se parece a otras advertencias sobre convivencia social con estas tecnologías, como el debate que abrió Jensen Huang sobre nuevas normas sociales para convivir con la IA.
La pregunta de fondo no es si alguien puede sentir alivio al hablar con un sistema así durante un rato. La pregunta más dura es otra: si Friend funciona como muleta emocional para un momento solitario, ¿hasta qué punto estamos normalizando la idea de que la compañía se puede tratar como un producto?
Fuentes: Friend, Friend hardware, WIRED, WIRED Review, Business Insider, Pew Research Center y Survey Center on American Life.


