Las reflexiones en torno a la IA se pueden fomentar por medio de libros (como los que recomendé en mi columna anterior) y documentales (como The Thinking Game, que también reseñé), pero también con series como Vivy: Fluorite eye’s song.

Esta animación japonesa me parece una de las recomendaciones más interesantes para mirar la IA desde la ciencia ficción reciente, porque no utiliza la Inteligencia Artificial solo como adorno, sino que la convierte en una pregunta sobre misión, obediencia, memoria, responsabilidad y sentimientos.

La serie, producida por Wit Studio y estrenada en 2021 (actualmente disponible en Netflix y Crunchyroll), sigue a una IA cantante llamada Vivy, definida dentro de la trama como el primer robot humanoide autónomo dotado de Inteligencia Artificial.

La misión de esta IA obedece a una directriz de programación central y exclusiva: conseguir que todas las personas sean felices a través de su canto. Esta instrucción determina todas sus rutinas en el parque de diversiones donde opera inicialmente.

El argumento principal se construye a partir de un suceso proyectado hacia el futuro, momento en el cual los sistemas de Inteligencia Artificial inician un levantamiento generalizado para aniquilar a la raza humana. Ante este colapso, un científico desarrolla un protocolo de emergencia que consiste en enviar una IA hacia el pasado.

Este emisario temporal es denominado Matsumoto y su misión es tomar contacto con Vivy para iniciar el “Proyecto Singularidad”.

Vivy y Matsumoto intervienen en momentos decisivos

El propósito del “Proyecto Singularidad” es intervenir en momentos históricos específicos a lo largo de un plazo de cien años, alterando variables temporales clave para evitar la futura rebelión de las máquinas.

Esta dinámica de apariciones periódicas para reencauzar la historia guarda paralelos narrativos directos con las intervenciones de Hari Seldon en las novelas de la saga Fundación del autor Isaac Asimov.

Lo más atractivo de Matsumoto no es que lo sepa todo, sino que aparece cuando la historia necesita una corrección concreta. Despierta en momentos específicos, orienta a Vivy y vuelve a desaparecer. 

Viendo la serie, la comparación con el personaje de Asimov fue instantánea, porque Seldon no acompaña cada paso de la humanidad, sino que deja un plan y aparece en crisis históricas mediante mensajes preparados. Matsumoto opera con una lógica parecida, como una inteligencia que interviene en puntos de inflexión.

Vivy evocada como una cantante futurista frente a una escena sobre IA y música
Vivy plantea la IA como un ente con algún tipo de inteligencia y sensibilidad que le permiten acceder a la creación artística y las decisiones morales.

Paralelamente a la misión temporal, la obra expone las limitaciones de comprensión de su protagonista respecto a la naturaleza humana. Vivy procesa un conflicto interno constante al intentar decodificar de forma lógica qué significa empíricamente realizar una tarea “con el corazón”, intentando traducir conceptos humanos abstractos a su base de procesamiento.

Considerando su año de emisión, la narrativa de la serie logró anticiparse a varias de las discusiones que hoy están presentes sobre el alcance de estas tecnologías.

El guion expone de manera metódica los dilemas sobre la potencial emergencia de consciencia sintética y las consecuencias de las directrices que los programadores imponen en sus creaciones.

La obra también disecciona los mecanismos de la afectividad aplicados a entidades artificiales. Durante la temporada se presentan casos concretos, como el desarrollo del apego de un niño que, tras perder a su núcleo familiar primario, proyecta vínculos de amor genuino hacia un androide asistencial que se hizo cargo de sus cuidados.

Estas proyecciones abren interrogantes sobre las futuras interacciones sociales con sistemas sintéticos. La trama sirve como modelo para evaluar el impacto psicológico que podría generar la implementación de enfermeras robóticas o asistentes humanoides físicos que cuenten con la capacidad de conversar de forma natural y emular empatía de manera convincente.

En su apartado técnico, los trece capítulos mantienen un diseño de producción constante. El estudio a cargo estructuró la serie con animación fluida para las secuencias de intervención física e integró un diseño sonoro donde la composición musical cumple una función estructural narrativa, en coherencia con la misión principal de la protagonista.

Para profundizar en todos los detalles de esta historia y analizar cómo la ciencia ficción se cruza con los debates sobre la tecnología que estamos utilizando hoy, te invito a ver la reseña que hice para mi canal de YouTube.

Mi reseña de Vivy: Fluorite eye’s song

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