Rusia dictó sus primeras condenas conocidas por crear y difundir deepfakes sexuales con inteligencia artificial a partir de fotos de personas reales sin consentimiento.

Los dos casos, informados por tribunales regionales y recogidos por EFE, terminaron con penas de cárcel suspendidas, una indemnización para una víctima y restricciones para el uso de recursos en internet.

El primer caso se resolvió en el Tribunal de Distrito de Zadonsk, en la región rusa de Lípetsk. Allí, un hombre de 48 años recibió una condena de tres años de prisión suspendida, con un período de prueba de cinco años, por producir material pornográfico y distribuirlo en internet.

Según la información citada por EFE, el acusado descargó imágenes de redes sociales y modificó nueve fotos de distintas personas para convertirlas en deepfakes sexuales, sin conocimiento ni autorización de las víctimas.

Además de la pena suspendida, el tribunal le prohibió durante cinco años administrar sitios web, páginas y otros recursos electrónicos, informativos y de telecomunicaciones, incluido internet. Esa parte del fallo muestra que la sanción no se limitó al contenido ya difundido, sino que también buscó restringir la capacidad de volver a operar espacios digitales desde donde pudiera repetirse la conducta.

Segundo fallo por deepfakes sexuales en Rusia

El segundo caso ocurrió en la región de Briansk y afectó a un adolescente. De acuerdo con el servicio de prensa judicial citado por EFE y con la cobertura del medio regional Bryanskie Novosti, el joven usó fotos de una conocida para generar material sexual falso con IA y luego lo envió a otras personas.

La explicación atribuida al acusado fue que lo hizo como una “broma”, pero el caso terminó con una condena de dos años de prisión suspendida, un período de prueba de un año y una orden de pagar 50.000 rublos a la víctima como compensación.

La cobertura regional añade otro dato práctico: el proceso contra otro adolescente señalado como responsable de modificar las imágenes siguió por separado. Eso sugiere que la justicia rusa no está mirando solo a quien comparte el material, sino también a quien participa en su creación técnica.

Los hechos también muestran una diferencia útil para entender cómo se están abordando estos casos. En Lípetsk, la sanción combinó castigo penal y restricción de actividad digital. En Briansk, además de la pena suspendida, hubo una reparación económica directa para la víctima. En ambos expedientes, el punto común no fue la sofisticación de la herramienta, sino el uso de fotos reales sin consentimiento para fabricar contenido sexual falso y distribuirlo.

Estos fallos aparecen en un momento en que varios países están endureciendo su respuesta frente a los deepfakes sexuales y otras formas de violencia digital. En Estados Unidos, por ejemplo, el Departamento de Justicia anunció en mayo arrestos vinculados a la publicación de pornografía deepfake bajo la TAKE IT DOWN Act. En Europa también han aumentado las discusiones legislativas y judiciales sobre cómo perseguir este tipo de abuso cuando la imagen de una persona se reutiliza sin permiso.

El caso ruso encaja en esa tendencia más amplia: la atención ya no está puesta solo en si una imagen fue creada por una herramienta de IA generativa, sino en el daño concreto que produce sobre la privacidad, la reputación y el control de la propia imagen. En paralelo, otros países siguen abriendo debates más generales sobre reglas y supervisión para estas tecnologías, como ocurre en esta revisión sobre gobernanza de IA en Brasil.

Fuentes

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