Brasil aprobó una política de gobernanza de IA para la Agência Nacional de Telecomunicações, el regulador brasileño de telecomunicaciones. Eso sí, la medida no crea una ley para todas las empresas ni cambia por sí sola las reglas del mercado; lo que hace es ordenar cómo la propia agencia podrá usar sistemas de IA dentro de su trabajo, con principios de seguridad, transparencia, supervisión humana y protección de derechos.
El anuncio oficial indica que el consejo directivo aprobó la Política de Governança de Inteligência Artificial da Anatel, conocida como PGIA. Según la agencia, esta política fija principios, directrices y mecanismos para el uso ético, seguro, transparente y responsable de la IA en todas sus actividades.
La resolución también formaliza el papel de IA.lab, un grupo técnico y de investigación vinculado al centro de estudios de la agencia, como apoyo para esa gobernanza. Su función será ayudar con estudios, evaluaciones de impacto, criterios de riesgo y seguimiento técnico de las soluciones que adopte el regulador. Eso apunta a evitar que cada área implemente herramientas por su cuenta sin una misma base de control.
Qué incluye la gobernanza de IA del regulador brasileño
El texto oficial describe una lista amplia de principios para el uso de IA dentro del regulador brasileño de telecomunicaciones. Entre ellos aparecen la protección de derechos fundamentales, la transparencia, la trazabilidad, la seguridad de la información, la inclusión, la sostenibilidad, la soberanía digital y la supervisión humana.
También prevé la creación de un foro temático permanente para seguir el uso de la IA dentro de la institución, validar criterios de riesgo y proponer indicadores.
Uno de los puntos más concretos es que la política prohíbe decisiones exclusivamente automatizadas cuando haya derechos de ciudadanos involucrados. En esos casos, la revisión humana no queda como una recomendación general, sino como una exigencia. La agencia también señala que los sistemas de IA deben ampliar capacidades humanas y no reemplazarlas. Ese detalle importa en un organismo que maneja información regulatoria, procedimientos administrativos y decisiones que pueden afectar a operadores y usuarios.
Otro aspecto destacado es el criterio industrial y lingüístico. La política dice que, siempre que sea posible, las soluciones de IA adoptadas por la agencia deberían contribuir al desarrollo de tecnologías producidas en Brasil, basadas en datos nacionales y en lengua portuguesa. No significa cerrar la puerta a herramientas extranjeras, pero sí dejar por escrito una preferencia por soluciones que respondan mejor al contexto local, algo relevante en tareas regulatorias, documentación pública y análisis de datos del propio país.
Cómo encaja esta gobernanza de IA en la estrategia de Brasil
La propia agencia vincula esta decisión con el Plan Brasileño de Inteligencia Artificial y con la estrategia de transformación digital del país. Ese plan nacional plantea, entre otros ejes, el uso de IA para mejorar servicios públicos, reforzar capacidades locales y apoyar procesos regulatorios y de gobernanza. La nueva política del regulador encaja precisamente en esa línea: primero ordenar el uso interno y luego ampliar aplicaciones con criterios comunes.
En la práctica, la señal es doble. Por un lado, muestra que los organismos públicos ya no están tratando la IA solo como una herramienta experimental, sino como una tecnología que necesita reglas de operación, evaluación de riesgos y responsables claros. Por otro, refleja una preocupación por no depender únicamente de modelos, datos y flujos externos en áreas sensibles. En un regulador de telecomunicaciones, eso toca asuntos como seguridad de la información, documentación técnica, análisis de mercado y procesos internos de supervisión.
El caso de Brasil sirve como ejemplo concreto de una gobernanza de IA aplicada a la administración pública. No habla de promesas abstractas, sino de controles internos, límites explícitos y una preferencia por capacidades desarrolladas con datos nacionales y portugués. En otros ámbitos, el debate sobre reglas y responsabilidad también ha ido tomando forma, como mostró el marco de gobernanza para modelos frontier publicado por OpenAI, aunque en este caso el enfoque es distinto: se trata del uso de IA dentro de un regulador estatal.
Lo siguiente será ver si esta política se traduce en herramientas concretas y en una estrategia operativa para áreas específicas de la agencia. El anuncio oficial adelanta que la PGIA servirá de base para una futura Estrategia de Inteligencia Artificial de la entidad, que debería definir prioridades, proyectos y directrices para ampliar el uso responsable de estas tecnologías dentro del regulador brasileño.


