En mayo recién pasado el artista digital SHL0MS convirtió una imagen de una pintura de Monet en un experimento para poner en evidencia los prejuicios contra la IA. La obra fue presentada en redes como si hubiera sido generada con Inteligencia Artificial, lo que provocó críticas inmediatas sobre supuestos defectos, falta de alma y señales de artificialidad.

La vuelta de la historia es que ese juicio era justamente parte de la obra. El punto no era demostrar que una IA podía imitar a Monet, sino observar cómo cambia la percepción cuando una imagen recibe la etiqueta de “hecha con IA”. En ese sentido, la reacción del público pasó a ser material artístico tanto como la propia imagen.

Este experimento o intervención artística me vino a la mente cuando hace unos días una persona me dejó un comentario en un reel de mi canal de YouTube en el que muestro cómo se está pudiendo hacer cómics con ChatGPT.

“Creo que nunca he visto un comic tan triste y sin alma”, fue lo primero que puso, y luego agregó “no todo lo hecho por humanos es bueno, pero todo lo hecho con IA, es definitivamente malo”.

Sus palabras son representativas de una corriente de prejuicios contra la IA, que puede tener sustentos atendibles en discusiones sobre las obras que se usaron sin permiso para entrenar generadores de imágenes, pero que también termina cayendo en descalificaciones estéticas que no tienen sentido. 

SHL0MS desnuda prejuicios contra la IA

SHL0MS presentó su proyecto bajo el título Inferior Image y se volvió rápidamente llamativo porque el referente visual era reconocible: Claude Monet, uno de los nombres más asociados a la pintura impresionista.

“Acabo de generar una imagen al estilo de una pintura de Monet usando IA. Por favor, describe con todo el detalle posible qué es lo que la hace inferior a una pintura real de Monet”, dijo en la publicación.

Ese mensaje activó una lectura distinta. Lo que podía verse como una obra pictórica pasó a ser evaluado como una salida de máquina, con todos los prejuicios contra la IA que hoy rodean a las imágenes sintéticas. La operación terminó convertida en una performance digital. No se trató solo de publicar una imagen y esperar reacciones, sino de usar el contexto de Internet como escenario: comentarios, sospechas, burlas, críticas y discusiones sobre autenticidad pasaron a formar parte del significado de la obra.

El artista fue seleccionando los comentarios más categóricos (y, por tanto, los que provocan más vergüenza ajena) y los ha ido reposteando, poniendo en evidencia a pseudo-expertos que hablan de “calidad de trazos” y “problemas de composición”, hasta cosas como esta, traducida textualmente: “Me decepciona tener que siquiera señalarlo. No hay cohesión en la profundidad ni en las elecciones de color. El reflejo del árbol se mezcla con los nenúfares sin consideración por la profundidad espacial ni el contraste. La amalgama de nenúfares y algas del fondo es escandalosamente vaga, como la mayoría del arte generado por IA”.

La historia de SHL0MS toca una pregunta más amplia: ¿juzgamos una imagen por lo que vemos o por lo que creemos que la produjo? En la era de los generadores visuales, esa diferencia parece haberse vuelto central. Una imagen puede recibir elogios si se cree humana y rechazo si se cree automática, incluso cuando la composición visible no cambia.

Ese sesgo también aparece en debates sobre procedencia, marcas de agua y verificación de imágenes. Herramientas para identificar si una imagen fue creada o modificada con IA pueden ayudar a transparentar el origen, pero no resuelven por sí solas cómo interpretamos el valor cultural de una imagen.

Saber de dónde viene importa, pero también puede contaminar la lectura antes de mirar con atención. Para artistas, diseñadores y creadores, el caso funciona como una advertencia. La discusión sobre IA no gira solo en torno a la técnica o a la calidad visual. También afecta reputación, autoría, mercado, confianza y recepción pública.

Una etiqueta puede cambiar la conversación completa. Visto así, Inferior Image no es solo una broma viral ni una provocación sobre Monet. Es una pieza que usa la ansiedad cultural alrededor de la Inteligencia Artificial para mostrar cómo el público interpreta imágenes en Internet. En un momento donde cada foto, ilustración o pintura puede ser sospechosa de haber pasado por IA, la obra expone un punto simple: muchas veces el juicio se forma antes de mirar lo que se enjuicia.

Fuentes

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