La burbuja de la IA es cada vez más evidente, en la misma medida en que está cada vez inflada. Y creo que este año veremos como empieza a perder aire, aunque no sé si reviente de golpe.

Desde el lanzamiento público de ChatGPT 3.5, el relato dominante apuntaba que la Inteligencia Artificial contribuiría a curar el cáncer y combatir el cambio climático, lo que, eventualmente, justificaría cualquier gasto, cualquier valoración y cualquier sacrificio energético.

Pero ahora el mercado empieza a mirar los números y la pregunta cambia. Ya no se trata de si la IA es impresionante, sino de si puede pagar su propia cuenta.

La entrada en la bolsa de SpaceX mostró con brutal claridad el problema. La empresa salió al mercado envuelta en épica tecnológica, pero sus propias cifras revelan una compañía tensionada por pérdidas, deuda y gasto de capital.

Starlink aparece como el negocio real, el flujo que sostiene la historia. Pero xAI, absorbida dentro del ecosistema de Musk, convierte esa historia en una advertencia: una unidad rentable puede terminar subsidiando una apuesta de IA que quema miles de millones antes de demostrar que puede sostenerse sola (y si es que llega a demostrarlo).

Ese es el patrón de toda la industria. Se venden modelos como si fueran petróleo digital, pero se financian como si fueran una mina que aún no encuentra veta.

SpaceX reportó ingresos de US$18.700 millones en 2025 y una pérdida neta de US$4.900 millones. Su segmento de IA perdió alrededor de US$6.400 millones ese año, y en el primer trimestre de 2026 la empresa ya acumulaba una pérdida neta de US$4.300 millones.

OpenAI y Anthropic vienen detrás con sus propias salidas a bolsa. OpenAI ya presentó confidencialmente su S-1 y Anthropic hizo lo mismo. El punto no es solo que busquen liquidez; el punto es que necesitan que el mercado público compre el relato antes de que el gasto deje de ser financiable en privado. Entrar en la bolsa, en este contexto, no es tanto una señal del éxito, sino más bien una forma de pasarle el riesgo a los accionistas.

Burbuja de la IA atravesada por cuatro agujas metálicas sobre fondo rojo
Imagen editorial para una columna sobre los riesgos que pueden pinchar la burbuja de la IA.

Las agujas que penden sobre la burbuja de la IA

Si hablamos de la burbuja de la IA, Anthropic acaba de poner evidencia que no basta con tener el modelo más poderoso si ese modelo se vuelve políticamente inmanejable.

Fable 5 y Mythos 5 fueron presentados como la nueva frontera, pero la empresa suspendió el acceso después de una directiva del gobierno de EEUU. Cuando un producto así puede quedar bloqueado por razones de seguridad nacional, exportación o regulación, la valoración deja de depender solo de benchmarks y empieza a depender de permisos, gobiernos y miedo.

La segunda aguja tiene que ver con que el gasto de las grandes tecnológicas es aún más grande que la promesa. Google, Amazon, Meta y Microsoft están proyectadas para invertir alrededor de US$650.000 millones en infraestructura de IA durante 2026, después de unos US$410.000 millones en 2025.

Este nivel de cifras es escandaloso y demuestra que la industria está apostando el equivalente a presupuestos nacionales solo en construir y mantener instalaciones que requieren, entre otras cosas, de chips que cuestan miles de dólares y deben ser renovados cada pocos años.

La comparación moral es inevitable. Si el Programa Mundial de Alimentos estima que se necesitarían unos US$40.000 millones al año para alimentar a las personas que no pueden sustentarse, y avanzar hacia el fin del hambre mundial, el gasto anual proyectado de solo cuatro gigantes tecnológicos equivale a más de 16 años de ese monto. Si tomamos solo los US$500.000 millones anunciados para Stargate (que agrupa a varias empresas, como OpenAI y Oracle), hablamos de 12 años y medio.

Mientras tanto, los centros de datos (data centers) empiezan a chocar con la realidad física. Microsoft reconoció que estaba ralentizando o pausando proyectos, incluido uno de US$1.000 millones en Ohio. Ese botón de muestra resuena con una encuesta de Ipsos que mostró que solo un tercio de los estadounidenses apoya construir data centers de IA al ritmo actual, y que 77% teme que encarezcan la electricidad, como ya se ha reportado en varias localidades.

Ese rechazo de la gente hacia los data centers es la tercera amenaza clave a la hora de pensar en la burbuja de la IA. Sobre todo cuando hay activistas como Erin Brockovich asumiendo el liderazgo de los movimientos ciudadanos.

La defensa habitual dirá que esta inversión creará productividad, ciencia, medicina y prosperidad futura. Puede ser. Pero esa promesa ya no puede usarse como cheque en blanco. Si una tecnología necesita cientos de miles de millones, subsidios de uso, permisos especiales, energía barata, deuda creciente, usuarios cautivos y valorizaciones de un billón de dólares antes de demostrar utilidades sostenibles, entonces no estamos mirando solo innovación. Estamos mirando una burbuja con infraestructura.

La cuarta aguja que amenaza esa burbuja es el rendimiento de los propios modelos de IA que tanto han marketeado. Porque, en pocas palabras, simplemente no son ni tan buenos ni tan únicos. Así lo asumió Anthropic, tras ver prohibido el funcionamiento de Fable 5 y Mythos 5. Ambos modelos se promocionaron como algo incomparable, pero, cuando fueron prohibidos, la empresa de Claude acusó que ChatGPT podía hacer lo mismo.

Si te interesa este tema, te invito a ver el video que hice al respecto para mi canal de YouTube, donde entro en más detalles.

Las 4 agujas que podrían reventar la burbuja de la IA

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