La Comisión Europea abrió una consulta pública sobre el AI Act para recoger comentarios a sus borradores de directrices sobre la clasificación de sistemas de IA de alto riesgo. El objetivo es bastante práctico: ayudar a proveedores, empresas, organismos públicos y otros actores a determinar si un sistema entra o no en esa categoría, que es la que activa las obligaciones más exigentes dentro de la norma europea.
El punto central es que no toda la IA pasa a ser de alto riesgo. Según la propia Comisión, el AI Act reserva esa etiqueta para una lista limitada de casos en los que un sistema puede poner en peligro la salud, la seguridad o los derechos fundamentales. Por eso la consulta no cambia la ley ni crea una prohibición nueva, sino que busca aclarar cómo debe aplicarse esa clasificación en situaciones reales.
La consulta estará abierta hasta el 23 de junio de 2026 y está dirigida a empresas, desarrolladores, autoridades públicas, academia, centros de investigación y ciudadanía. La Comisión también indicó que estas directrices se complementarán con otras guías para facilitar el cumplimiento de las reglas aplicables a sistemas de alto riesgo.
AI Act: qué considera Bruselas como IA de alto riesgo
Las directrices en consulta explican dos grandes caminos por los que un sistema puede ser clasificado como de alto riesgo bajo el AI Act. El primero se refiere a IA integrada en productos regulados o usada como componente de seguridad, por ejemplo en contextos donde un fallo pueda afectar a personas o bienes. El segundo abarca usos en áreas especialmente sensibles donde la IA puede tener un impacto serio sobre derechos o condiciones de vida.
La plataforma oficial AI Act Service Desk resume esas áreas sensibles en ocho bloques: biometría, infraestructuras críticas, educación y formación profesional, empleo, acceso a servicios esenciales públicos o privados, aplicación de la ley, migración y control fronterizo, y por último, administración de justicia y procesos democráticos. Dicho de forma simple, la clave no es que una herramienta use IA, sino el contexto en que se usa y el daño potencial que podría causar.
Eso ayuda a desmontar una idea confusa que suele aparecer alrededor del AI Act: no toda IA empresarial será considerada de alto riesgo. Un sistema para optimizar tareas internas, recomendar contenidos o mejorar eficiencia no entra automáticamente en esa categoría. En cambio, una herramienta usada para filtrar candidatos en contratación, evaluar estudiantes o apoyar decisiones que afectan acceso a servicios esenciales sí puede quedar mucho más cerca de ese umbral regulatorio.
La Comisión también incluyó ejemplos prácticos para que la evaluación sea menos abstracta. Entre ellos aparecen casos de IA usada en funciones de seguridad en maquinaria, trenes o equipos industriales, y también referencias a áreas donde la clasificación depende del propósito declarado por el proveedor y de las consecuencias de un posible fallo. Es importante porque el AI Act no se apoya solo en el nombre comercial del producto, sino en su uso previsto y en el riesgo que genera.
Cómo impacta el AI Act a empresas y desarrolladores
La relevancia de esta consulta está en que muchas organizaciones llevan meses intentando entender si sus sistemas caerán o no bajo el régimen más estricto del AI Act. Tener borradores con ejemplos y criterios más aterrizados reduce incertidumbre, especialmente para equipos legales, responsables de cumplimiento y empresas que están incorporando IA en procesos de selección, evaluación, seguridad o atención de servicios críticos.
Se trata de bajar a preguntas concretas: qué sistema entra, cuál no, qué documentación podría hacer falta y cómo justificar una clasificación. Para empresas que recién están abordando la adopción de IA en entornos de trabajo, este tipo de guías importa tanto como la propia ley. En ese terreno, ya venimos siguiendo cómo la adopción de IA en empresas obliga a combinar productividad con criterios claros de uso y cumplimiento.
Además, el movimiento llega mientras las instituciones europeas siguen ajustando la aplicación de las reglas de IA. El Consejo de la Unión Europea informó este mes un acuerdo provisional con el Parlamento para simplificar y ordenar parte del marco, incluido el calendario de ciertas obligaciones sobre sistemas de alto riesgo. Ese contexto hace que la consulta abierta por la Comisión sea todavía más relevante: no fija una versión definitiva, pero sí muestra por dónde quiere orientar la interpretación oficial.
Para los actores del mercado, el mensaje es claro. Bruselas no está diciendo que toda herramienta avanzada sea problemática, pero sí quiere dejar mejor definido cuándo una IA entra en zonas donde el riesgo ya no es solo técnico o comercial, sino también social y jurídico.
Lo más importante de esta noticia es justamente esa aclaración. El AI Act sigue avanzando, pero estas directrices todavía están en consulta. Lo que hoy ofrece la Comisión es una guía preliminar para que empresas, desarrolladores y autoridades entiendan mejor dónde empieza la categoría de alto riesgo y puedan opinar antes de la versión final.
Fuentes
- Comisión Europea: Commission seeks feedback on the draft guidelines for the classification of high-risk artificial intelligence systems
- Comisión Europea: Targeted consultation on the draft guidelines for the classification of high-risk artificial intelligence systems
- AI Act Service Desk: Guidelines on the classification of high-risk AI systems
- Consejo de la Unión Europea: Artificial Intelligence: Council and Parliament agree to simplify and streamline rules


