Un estudio publicado en Tobacco Control analizó una campaña de bots que generó cerca del 76% de las respuestas a una consulta británica sobre tabaco y vapeadores. Las autoridades identificaron 90.835 envíos automatizados entre 118.756 respuestas y los excluyeron antes de evaluar las opiniones recibidas.
La investigación examinó la consulta realizada en 2023. Los investigadores analizaron informes públicos y datos obtenidos mediante solicitudes de acceso a información al Departamento de Salud y Asistencia Social británico.
Los envíos se concentraron en rechazar restricciones a la venta de vapeadores desechables. Los autores describieron el patrón como indicio de una campaña coordinada y advirtieron sobre la exposición de las consultas públicas a la interferencia automatizada.
Cómo se identificaron las respuestas de bots
La consulta estuvo abierta durante ocho semanas y recogió opiniones sobre el consumo de tabaco, el vapeo juvenil y la fiscalización de nuevas medidas. El formulario combinó preguntas de selección con espacios para comentarios. También permitió adjuntar documentos a organizaciones y personas que respondían desde su experiencia profesional.
El departamento británico identificó registros incompatibles con el recorrido que seguían quienes completaban manualmente el formulario. Detectó respuestas repetidas muchas veces y envíos a alta frecuencia desde un grupo reducido de direcciones IP, los identificadores de las conexiones a Internet.

Tras eliminar los registros fraudulentos, las autoridades analizaron 27.921 respuestas. El conjunto incluía 896 organizaciones y 27.025 personas. Los programas automatizados podían enviar formularios en grandes cantidades, por lo que el volumen bruto habría dado una imagen diferente de las opiniones recogidas.
Los investigadores señalaron que las respuestas automatizadas apuntaron casi por completo a una pregunta sobre restricciones a los vapeadores desechables. También presentaron una coincidencia en cómo declaraban haberse enterado de la consulta, al indicar las redes sociales como vía de conocimiento.
Los límites para atribuir la campaña y evaluar su alcance
“Este parece ser el primer caso documentado de interferencia automatizada a gran escala en una consulta formal de salud pública”, escribieron los autores, según el comunicado de BMJ Group, editor de la revista. La investigación sitúa el caso en los mecanismos mediante los cuales los gobiernos reciben comentarios sobre sus propuestas.
Las consultas públicas permiten presentar opiniones y antecedentes antes de definir medidas. En el caso británico, los controles separaron los envíos fraudulentos de las intervenciones que las autoridades utilizaron para analizar las propuestas sobre tabaco y vapeadores.
El estudio se basó en la clasificación de respuestas realizada por el departamento. Sus autores señalaron que no pudieron verificar de manera independiente los métodos completos de detección, porque esos detalles no eran públicos. Los metadatos y la información demográfica de los envíos también quedaron sujetos a restricciones de acceso.
La identidad y el patrocinio comercial de la campaña permanecen sin determinar. Los investigadores observaron similitudes con anteriores intentos de inundar consultas mediante respuestas coordinadas, pero los datos disponibles no permitieron atribuir esta operación a una empresa u organización concreta.
Los autores advirtieron que las consultas de organismos con menos recursos para filtrar respuestas pueden enfrentar una mayor exposición. Vincularon esa diferencia con la capacidad disponible para detectar envíos automatizados y mantener controles conforme evolucionan estas herramientas.


