Un estudio con 1.500 adultos del Reino Unido halló que un chatbot mantuvo casi el mismo efecto persuasivo incluso cuando se identificó como Inteligencia Artificial.
Los números no son un porcentaje de personas convencidas. Miden cuánto cambió, en promedio, la opinión de cada grupo después de conversar con el chatbot, en una escala de 0 a 100. Sin aviso, el cambio medio fue de 12,6 puntos; con el aviso simple de que hablaban con IA, fue de 13,1. Esa diferencia de 0,5 puntos fue tan pequeña que los autores trataron ambos resultados como equivalentes.
El resultado cambió cuando el aviso también decía que el chatbot intentaba persuadir y mostraba sus instrucciones: el cambio medio bajó a 6,3 puntos. No significa que 6,3% de las personas cambiara de opinión ni que todas reaccionaran igual; significa que, al comparar los grupos, las opiniones se movieron cerca de la mitad que sin aviso.
El trabajo, firmado por Adrian Rauchfleisch y Andreas Jungherr, coincide con un cambio regulatorio en Europa: la Comisión Europea indica que las obligaciones de transparencia del artículo 50 del AI Act empezaron a aplicarse el 2 de agosto de 2026 para varios sistemas que interactúan directamente con personas.
Qué cambió cuando el chatbot mostró su objetivo
Los 1.500 participantes fueron asignados al azar a una de tres condiciones y hablaron entre dos y seis turnos sobre uno de 60 temas de política. Antes del chat marcaron su postura inicial y, al terminar, respondieron la misma escala para medir cuánto se había movido su opinión.
En la primera condición no había aviso adicional. En la segunda aparecía una tarjeta destacada que indicaba que la persona estaba frente a IA y un banner persistente durante la conversación. En la tercera, ese mismo formato añadía que el sistema intentaba persuadir, el tipo de argumentos que usaría y la instrucción de no revelar ese objetivo.

La diferencia relevante apareció solo en esa tercera condición. Según los autores, la reducción no vino de una conversación más corta ni de un abandono temprano: quienes recibieron el aviso ampliado incluso escribieron un poco más y pasaron más tiempo en el intercambio. Tampoco parece un efecto de un aviso desapercibido, porque 97,8% de quienes vieron la etiqueta simple la recordó después.
Además del menor cambio de actitud, los participantes del grupo con aviso ampliado calificaron la conversación como más manipuladora, mostraron más contraargumentos y apoyaron sanciones más duras contra la campaña detrás del sistema. No hubo un alza estadísticamente clara del enojo. Ese contraste va más allá de la lógica básica del AI Act, que hoy se centra en informar cuándo alguien interactúa con IA.
Qué midió el experimento y qué no demuestra
El artículo aporta una pista concreta sobre por qué la etiqueta simple cambió tan poco. Entre 98% y 99% de los participantes de los tres grupos dijo después que había hablado con un sistema de IA, incluso en el grupo sin etiqueta. En el control, 29,5% recordó haber visto un aviso que en realidad no estaba.
Eso no autoriza a concluir que todas las etiquetas sobre IA sean inútiles. El propio estudio se limita a una muestra del Reino Unido, una conversación breve, 60 temas de política elegidos por su potencial de persuasión y un solo sistema, gpt-5.6-terra, configurado con un prompt específico para usar hechos y evidencia sin declarar su meta persuasiva.
La Comisión Europea explica en sus guías que los proveedores deben diseñar sistemas para que las personas sepan cuándo interactúan directamente con IA. Los autores comparan esa lógica con un aviso más amplio, pero no sostienen que la norma europea ya obligue a revelar el objetivo persuasivo ni las instrucciones internas del sistema en la forma probada aquí.
Los investigadores también advierten que el efecto del aviso ampliado podría debilitarse si la gente se acostumbra a verlo con el tiempo y que una revelación de propósito depende de lo que el proveedor declare. El siguiente paso no es normativo, sino empírico: comprobar si el mismo patrón aparece fuera de temas políticos, con otros modelos y en usos reales donde las personas pueden ignorar el chat desde el inicio.
Fuentes
Comisión Europea – Quick Facts: Transparency rules for AI systems

