La alianza entre OpenAI y Google para compartir la tecnología de SynthID me sorprendió y alegró. No va a resolver por sí sola el problema de los deepfakes, pero empuja a la industria en la dirección correcta: que la verificación de contenido sintético dependa de señales técnicas confiables estandarizadas.
OpenAI anunció que reforzará la procedencia de sus imágenes con 2 capas: metadatos insertados criptográficamente y marcas de agua invisibles SynthID de Google DeepMind. Esto va de la mano de una herramienta pública, todavía en vista previa, para verificar si una imagen proviene de sistemas de OpenAI.
Google informó que está ampliando sus herramientas de verificación en Gemini, Search, Chrome y Cloud, y que empresas como OpenAI, Kakao y ElevenLabs llevarán SynthID a más contenido generado con IA.
Eso es relevante porque el problema ya no es solo la facilidad para generar imágenes con IA que se hacen pasar por fotografías. El problema es que cada vez cuesta más saber si una imagen fue capturada por una cámara, editada con una herramienta común o generada desde cero por un modelo de IA.
En ese escenario, tecnologías como SynthID y C2PA (Coalition for Content Provenance and Authenticity) no son un adorno técnico: son infraestructura de confianza.
SynthID marca un estándar, China y Europa avanzan, Chile se queda atrás
En simple, C2PA funciona como una especie de ficha técnica del archivo: guarda información sobre el origen, la creación o la edición de una imagen mediante metadatos y firmas.
SynthID, en cambio, agrega una señal invisible dentro del contenido, una marca de agua que no se ve a simple vista y que puede sobrevivir mejor cuando la imagen se comparte, se redimensiona o se transforma.
La combinación es sensata. Los metadatos pueden perderse. Las marcas de agua pueden fallar. Ningún método es infalible. Pero usar varias capas es mejor que solo una, y mucho mejor que seguir dependiendo de la buena fe de quien publica o de la capacidad de cada persona para distinguir una foto real de una imagen generada por IA.
También hay algo políticamente importante: OpenAI y Google se están adelantando a una discusión legal que tarde o temprano llegará -o debería llegar- con más fuerza a Estados Unidos, Chile y el resto del mundo.
En la Unión Europea ya existe una regla general clara. El artículo 50 de la Ley de Inteligencia Artificial exige que los proveedores de sistemas que generen audio, imagen, video o texto sintético marquen esos resultados en un formato legible por máquina y detectable como generado o manipulado artificialmente, en la medida en que sea técnicamente posible. También obliga a informar cuando se difunden deepfakes, con excepciones acotadas.
China fue incluso más directa. Sus medidas sobre etiquetado de contenido sintético generado por IA, vigentes desde septiembre de 2025, obligan a usar etiquetas visibles e identificadores implícitos, como metadatos, para contenido generado con IA. Es un enfoque más duro, que la discusión ya salió del terreno voluntario.
En Estados Unidos el panorama es fragmentado. No hay una ley federal general que obligue a marcar toda imagen generada por IA. Sí existe la TAKE IT DOWN Act, convertida en ley el 19 de mayo de 2025, pero está enfocada en imágenes íntimas no consentidas, incluidas las falsificaciones digitales.
También hay leyes estatales. California, por ejemplo, aprobó la California AI Transparency Act, que exige a ciertos grandes proveedores de IA ofrecer herramientas de detección y agregar señales de procedencia en contenido generado, incluyendo imagen, audio y video.
En Chile, la situación es más atrasada. Hay un proyecto que regula sistemas de Inteligencia Artificial, refundido en los boletines 15869-19 y 16821-19, que llegó al Senado y sigue en discusión.
Pero todavía no existe una ley general vigente que obligue a etiquetar imágenes generadas con IA o a incorporar marcas de agua como SynthID. La ley N° 21.719 de Protección de Datos Personales, que entrará en vigencia en diciembre de este año, no aborda la creación de imágenes con Inteligencia Artificial.
Por eso la alianza entre OpenAI y Google importa. Mientras la legislación avanza lento, las empresas que crean y distribuyen herramientas de IA tienen una responsabilidad inmediata. Pueden esperar a que la ley las obligue o pueden adoptar desde ya tecnologías de procedencia, detección y marcado.
La alianza entre Google y OpenAI para compartir SynthID no debería ser visto como una solución final, sino como una señal de madurez. Lo mismo C2PA. La industria necesita estándares compartidos, interoperables y resistentes, no pequeños sistemas cerrados que solo funcionen dentro de una plataforma. Si cada empresa usa su propio método, el usuario común seguirá perdido. Si las empresas convergen en estándares reconocibles, la verificación se vuelve mucho más útil.
Esto no elimina la necesidad de regulación. Al contrario: la hace más urgente y más concreta. Una buena ley debería exigir que las herramientas disponibles se usen de forma seria, verificable y auditable. Y también tendría que distinguir entre usos creativos legítimos, sátira, edición común, desinformación y daño directo a personas reales.


