Verb abrió el 6 de agosto un mercado donde las personas pueden ofrecer categorías seleccionadas de sus datos personales a compradores, entre ellos laboratorios de IA.
La propuesta permite elegir qué actividad compartir, fijar un precio y bloquear empresas concretas, aunque no garantiza que aparezca un comprador ni que el usuario reciba una cantidad determinada.
El servicio funciona mediante una aplicación móvil que registra las actividades autorizadas. Los datos integran compras y actividad en redes sociales entre las opciones, mientras la empresa presenta controles para activar o desactivar cada categoría.
Verb también entrega una estimación del valor antes de que la persona defina cuánto quiere cobrar.
La compañía ya operaba un producto relacionado con gemelos digitales y paneles remunerados.
El mercado directo anunciado en agosto es una expansión distinta: intenta conectar a consumidores con organizaciones que necesitan información para investigación, análisis y entrenamiento de sistemas de Inteligencia Artificial.
Cómo funciona Verb y qué datos permite ofrecer
La persona decide qué categorías quedan disponibles desde el teléfono. Según Verb, los controles se pueden cambiar y no todas las actividades tienen que compartirse al mismo tiempo.
Ese diseño busca convertir el consentimiento en una selección más específica que la aceptación general de unas condiciones de servicio.
Después de escoger las categorías, el usuario recibe una referencia de precio y puede establecer su propia cifra.
También puede excluir compañías con las que no quiere negociar. La posibilidad de elegir compradores añade una capa de control, pero no explica por sí sola qué nivel de demanda tendrá cada conjunto de datos ni cuánto tiempo tardaría una operación.

Verb afirma que el mercado no incluye contraseñas, mensajes de texto ni datos de salud.
Esa lista corresponde a la descripción de la empresa y no equivale a una auditoría independiente de la aplicación, sus procesos de almacenamiento o las transferencias posteriores a un comprador.
Los laboratorios de IA serían los compradores previstos más importantes. Estos equipos buscan información variada para mejorar modelos y evaluar productos, pero la nota no identifica contratos ni volúmenes de venta ya asegurados.
Además, intentos anteriores de pagar directamente a consumidores por sus datos han tenido dificultades para alcanzar una demanda estable.
Privacidad, consentimiento y límites del mercado de datos
Recibir dinero no elimina los riesgos de privacidad. Una base que reúne actividad personal puede quedar expuesta a filtraciones, cambios en el propósito inicial o usos secundarios difíciles de anticipar.
El valor de una decisión informada depende también de que el comprador, el plazo de conservación y los permisos posteriores estén explicados con claridad.
La discusión se conecta con otras herramientas destinadas a reducir información sensible antes de enviarla a un modelo. Por ejemplo, OpenAI desarrolló un filtro de privacidad para ayudar a detectar datos personales en solicitudes.
Un mercado comercial plantea el movimiento inverso: compartir información elegida a cambio de una posible remuneración, lo que exige entender bien las condiciones.
Tampoco hay un ingreso mínimo anunciado. El precio propuesto por una persona puede no atraer compradores y el valor puede variar según la rareza, la calidad o la utilidad de la categoría ofrecida.
Las normas de protección de datos y los derechos para retirar el consentimiento también pueden cambiar según el territorio. Como lo muestra la ley de datos personales que se implementa en diciembre en Chile.
El lanzamiento pone a prueba si los consumidores quieren negociar directamente por una información que durante años muchas plataformas recopilaron como parte de sus servicios.
Su avance real dependerá de la participación, la transparencia de las operaciones, la seguridad y la aparición de compradores dispuestos a pagar.
Fuentes
Axios – Verb lets you sell your data to AI labs for training


