Gartner pronosticó que para 2028 el 70% de las empresas que encarguen agentes de IA a ingenieros de un proveedor tecnológico abandonará esos proyectos. La consultora atribuye el riesgo al costo de mantener ese esquema y a la falta de capacidad interna para modificar los agentes cuando termina el encargo.
El proveedor es la empresa externa que aporta especialistas para construir e integrar el agente en los datos y procesos de su cliente. Puede ser un fabricante de modelos de IA, como OpenAI o Anthropic, u otra compañía de software que envíe a sus ingenieros. El pronóstico se limita a estos proyectos conjuntos; contratar ChatGPT o Claude para usarlos como productos no entra en esa categoría.
Gartner detalló una guía de tres etapas para que la empresa conserve el control del proyecto desde el contrato hasta la salida del proveedor. El pronóstico del 70% ya había aparecido en una investigación anterior de la firma, recogida en mayo por CIO; el nuevo comunicado desarrolla las decisiones que, según Gartner, podrían evitar esa dependencia.
La consultora también prevé que, hasta 2028, menos del 20% de estos encargos convertirá necesidades repetidas de los clientes en funciones del producto central del proveedor. Esa estimación plantea otro riesgo para quien paga por adaptaciones que quizá sigan siendo trabajos a medida.
Agentes de IA con un contrato que defina la salida
Antes de contratar, Gartner recomienda reservar este modelo para problemas que realmente necesiten conocimiento profundo del producto, adaptación rápida o integración estrecha con la operación del cliente. La empresa debe identificar a una persona directiva responsable de los resultados del negocio, además de fijar entregables y criterios de éxito.
El contrato debe establecer quién conserva la propiedad intelectual, cómo se compartirá el conocimiento y qué responsabilidades tendrá cada parte al terminar el proyecto. Mukul Saha, analista sénior de Gartner, resumió la exigencia en el comunicado. “El éxito empieza por estructurar bien el encargo”, dijo.

Durante el desarrollo, los especialistas del proveedor deben trabajar con expertos internos, ingenieros y usuarios finales. Así, la solución puede reflejar el proceso real de trabajo y el equipo propio aprende a operarla. Gartner propone validar cada avance según su utilidad empresarial y sus controles, además de revisar qué acciones pueden automatizarse y cuáles requieren supervisión humana.
FIS (Fidelity National Information Services, Servicios Nacionales de Información Financiera) es una empresa de tecnología financiera que ofrece software y servicios a bancos. En el proyecto citado, FIS es cliente de Anthropic y planea ofrecer el agente resultante a instituciones financieras.
El caso de FIS muestra cómo puede incorporarse esa transferencia. Al presentar un agente para investigaciones de delitos financieros, la empresa indicó que los ingenieros de Anthropic colaborarían en el diseño y transmitirían conocimientos para que FIS pudiera ampliar sus agentes después por cuenta propia, según informó CIO.
La prueba final es operar sin el proveedor
La tercera etapa consiste en ejecutar la salida prevista desde el inicio. Para Gartner, completar la instalación no basta si el equipo interno aún necesita al proveedor para vigilar el sistema, resolver incidentes o adaptarlo cuando cambian las reglas del negocio.
La firma plantea medir si la organización puede mantener, optimizar y ampliar la tecnología con su propia gobernanza. También debe poder ajustar el reparto de tareas entre personas y sistemas cuando cambien los procesos o los riesgos. Esa capacidad resulta especialmente relevante al pasar de pilotos a operaciones permanentes, una transición que también aparece en la adopción de IA en Chile.
Gartner advierte además que algunos proveedores usan la etiqueta de ingeniería desplegada para vender servicios habituales de implementación o consultoría a tarifas superiores. La firma llama a esta práctica “FDE washing” y recomienda evaluar el trabajo concreto, la profundidad técnica y la capacidad de traspaso, en vez de aceptar la denominación comercial.


