El año pasado aseguré en una entrevista que pronto sería posible que una película o corto hecho con IA estuviera al nivel del cine tradicional. Pomegranate, el corto de la productora Gossip Goblin, es la mejor muestra que he visto hasta ahora de que esa etapa ya comenzó.

Para poner las cosas en su lugar de entrada, no se trata de algo que salió de apretar un botón. Tampoco es 100% IA. Se trata de una combinación de Inteligencia Artificial con talento humano.

El guion fue escrito por Zack London, que también fue el director, y varios cargos y labores técnicas estuvieron a cargo de personas, como el montaje y corrección de color. Las voces de los personajes también son de actores reales, y la música tampoco se hizo con Inteligencia Artificial.

El trabajo de la IA estuvo centrado concretamente en la parte visual. Y aquí es donde Pomegranate consigue algo que hasta la fecha yo no había visto: dar vida a un mundo que se siente concreto, consistente y cinematográfico casi en todo momento.

He realizado pequeñas producciones audiovisuales con IA y conozco de cerca lo difícil que es mantener una estética, una acción y un personaje reconocible cuando una escena dura más de unos segundos. También he visto más de un corto hecho con IA de nivel apenas aceptable (si se trata de realismo y consistencia), algunos incluso que han recibido reconocimientos.

Por eso destaco tanto esta pieza de casi media hora de duración, que me parece que alcanza lo exquisito por momentos, demostrando que la IA puede ser una herramienta más al servicio de la creatividad y la ambición artística.

Un corto hecho con IA con 2 personajes que ya no se sienten como avatares

Personaje de Pomegranate con implantes cibernéticos en un laboratorio. corto hecho con ia
Pomegranate es lejos el mejor corto hecho con IA que he visto hasta la fecha.

En la mayoría de las producciones con Inteligencia Artificial la primera prueba de fuego llega cuando un personaje debe hablar, girar, caminar o sostener una emoción durante una escena completa. Ahí aparecen miradas vacías, labios que no acompañan la voz o movimientos sin peso.

Pomegranate supera buena parte de esas barreras. Sus personajes y elementos se sienten integrados en el espacio, y ese realismo hace que uno se olvide por momentos de estar analizando la tecnología detrás de cada plano.

En ese sentido, lo que más me impresionó de este corto hecho con IA son sus dos personajes principales, sobre todo el coprotagonista, que mantiene una apariencia y movimientos indistinguibles de un actor real la mayor parte del tiempo.

No son solo los detalles de su rostro o de su vestuario, sino también las miradas y reacciones. Hay pausas, gestos y una presencia que evita esa sensación habitual de estar viendo una animación rígida o una secuencia armada con imágenes bonitas, pero desconectadas entre sí.

Lo clave es que hay una dirección visual clara. La cámara, la iluminación, los escenarios y el ritmo no parecen una sucesión de pruebas de modelos, ya que son claramente producto de decisiones tomadas para contar una historia. Esa diferencia es enorme: la IA genera material, pero alguien tiene que elegirlo, ordenarlo y convertirlo en una experiencia con sentido.

La IA hace la imagen; las personas sostienen la obra

Como mencioné al comienzo, en este caso hay ser muy preciso con la etiqueta de “corto hecho con IA”. Pomegranate utiliza IA para construir sus imágenes y movimiento, pero no prescinde del trabajo humano.

Ese punto importa especialmente en las voces. La tecnología visual alcanzó un realismo que sorprende, pero las interpretaciones que escuchamos en Pomegranate son humanas, ya que el director quiso darle peso a la intención, el humor, el cansancio y la tensión de los personajes de una forma que todavía sería difícil pedirle a un generador automático sin perder matices.

Los datos técnicos también ayudan a entender el resultado, aunque no explican todo. No existe una lista oficial que diga qué modelo hizo cada plano de Pomegranate. El flujo que Gossip Goblin ha documentado para trabajos anteriores incluye Midjourney y Kling, entre otros. Más que una sola herramienta, hay una cadena de generación, selección, animación, sincronía y montaje.

Para mí, el valor de Pomegranate está en mostrar el punto al que llegó esa cadena cuando hay visión, guion y oficio detrás. Y confirma que el cine con Inteligencia Artificial ya puede competir visualmente en una liga que hace poco parecía reservada para presupuestos enormes (aunque no he encontrado información sobre el presupuesto, seguramente costó un décimo o centésimo de lo que habría costado si no fuera un corto hecho con IA. 

Pomegranate acumula más de 7,4 millones de vistas en YouTube y cerca de 50 mil “Me gusta” al momento de esta redacción. Es un dato llamativo, pero no es lo que explica por qué funciona. Lo que lo separa de tantos videos virales es que no depende de una sorpresa visual de treinta segundos: sostiene un relato largo sin que la imagen se derrumbe.

Recommended Posts
0
Mapa de Chile protegido por un escudo y candado bajo la Ley de Datos Personales