Una investigación de The New York Times documentó que los agentes de IA pueden entrar a cursos online asincrónicos, ver clases grabadas, rendir pruebas, redactar trabajos y participar en foros. Algo que, obviamente, complica la verificación de quién realizó el trabajo académico.
El reportaje describe un salto desde el uso de chatbots para copiar respuestas hacia herramientas que ejecutan pasos completos dentro de una plataforma. Con instrucciones simples, estos sistemas pueden recorrer actividades de un curso usando la cuenta del estudiante.
El problema afecta especialmente a la enseñanza a distancia que no exige encuentros en vivo. Según la misma investigación, más de la mitad de los universitarios de EEUU tomó al menos una clase online el último año, frente a cerca de un tercio en 2019.
La respuesta sigue fragmentada. El texto recoge casos de docentes que volvieron a pruebas presenciales u optaron por tareas más personales, mientras otros dicen no tener respaldo institucional claro ante el uso indebido de agentes de IA en evaluaciones y entregas.
Qué pueden hacer ya los agentes de IA en cursos online
El reportaje señala que, en pruebas de The New York Times, ChatGPT, Gemini y Grammarly no rechazaron peticiones para escribir un trabajo en nombre de un estudiante. También indica que las versiones contratadas por universidades pueden incorporar barreras, pero estas no impiden que el uso se traslade fuera del entorno controlado por la institución.
La investigación añade que las empresas de IA no han impedido que agentes accedan a plataformas como Canvas, Brightspace o Blackboard. En ese escenario, las herramientas pueden abrir lecciones, navegar materiales, contestar cuestionarios y participar en foros de discusión que en muchos cursos forman parte de la nota.

Blackboard explica que un agente puede iniciar sesión en nombre del estudiante si recibe sus credenciales y que su actividad se parece a la de un usuario habitual: llena formularios, hace clics y realiza solicitudes web. La empresa sostiene que, con las tecnologías disponibles, ni ella ni otro proveedor de campus virtuales puede detectarlo o bloquearlo de forma fiable.
Detección incierta y cambios en la evaluación
OpenAI advierte en su centro de ayuda para educadores que los detectores de texto generado por IA no son lo bastante fiables para tomar decisiones con consecuencias duraderas para un estudiante. También indica que pedirle a ChatGPT que determine si un texto fue escrito por IA no sirve como prueba, porque puede responder sin una base real.
El trasfondo es un uso cada vez más extendido de la Inteligencia Artificial en las aulas. Instructure, fabricante de Canvas, informó en una encuesta a 1.125 educadores, estudiantes de educación superior y apoderados que 90% de los estudiantes universitarios usa IA al menos ocasionalmente, mientras 41% de los docentes de educación superior dice no haber recibido formación formal.
El desafío es distinto de incorporar herramientas para estudiar, como los notebooks de estudio. En este caso, varias instituciones están moviendo la evaluación hacia exámenes presenciales flexibles, defensas orales, respuestas ligadas a experiencias personales y revisión de conversaciones compartidas con herramientas de IA.
No existe una barrera técnica universal. Blackboard recomienda combinar políticas institucionales claras, formación y ajustes pedagógicos, mientras OpenAI plantea que cada institución defina reglas que permitan evaluar el uso responsable de agentes de IA.


