OpenAI quedó a la espera de una señal clave del jurado en el juicio civil impulsado por Elon Musk contra Sam Altman, Greg Brockman, Microsoft y la propia compañía.

El caso ya pasó por los alegatos finales en Oakland, California, y ahora gira en torno a una pregunta simple de decir, pero muy difícil de resolver: si OpenAI traicionó o no la misión benéfica con la que nació.

La parte más llamativa de los últimos alegatos fue el tono personal. El abogado de Musk, Steven Molo, volvió sobre la credibilidad de Altman y dijo ante el jurado: “La palabra ‘mentiroso’ tiene mucho peso en un juzgado”.

La defensa de OpenAI respondió con otra frase fuerte: “El Sr. Musk deseaba transformar a OpenAI en una compañía lucrativa bajo su control”.

Acusaciones cruzadas sobre dinero y control

Musk sostiene que sus donaciones a OpenAI estaban ligadas a una misión benéfica: desarrollar IA avanzada para el bien de la humanidad y no como una empresa común orientada al lucro. Sus abogados dicen que la compañía cambió de rumbo, enriqueció a inversionistas e insiders, y dejó atrás el espíritu original.

Musk busca la salida de Altman como CEO y del directorio de OpenAI, además de miles de millones de dólares en daños que, de acuerdo con esa versión, serían destinados al brazo sin fines de lucro de la organización. The Guardian reportó que Musk quiere que US$134.000 millones sean redistribuidos desde la estructura con fines de lucro hacia la organización sin fines de lucro.

OpenAI niega ese relato. Su defensa dice que las donaciones de Musk no tenían condiciones específicas y que, desde 2017, todos sabían que la organización necesitaría una estructura capaz de levantar mucho más capital. La abogada Sarah Eddy dijo en el cierre de los alegatos que el testimonio de Musk era contradicho por documentos y por otros testigos.

El punto de fondo es delicado porque no se trata solo de una disputa entre dos figuras famosas. El juicio toca una cuestión que aparece cada vez más en la industria: quién controla las empresas que desarrollan IA avanzada, cómo se financian y qué tan fuerte es la supervisión sin fines de lucro cuando hay miles de millones de dólares en juego.

En esa línea, este caso conecta con otras discusiones recientes sobre la estructura de OpenAI y el relato de Sam Altman frente a Musk.

Altman defendió su honestidad y acusó a Musk de buscar dominio sobre OpenAI

La declaración de Sam Altman, realizada esta semana, dejó varias frases que ahora pesan sobre la lectura del caso. Altman rechazó las críticas a su conducta y dijo: “Creo que soy un hombre de negocios honesto y confiable”. La frase respondió a testimonios que habían cuestionado su honestidad durante la crisis interna de 2023, cuando fue despedido y luego reinstalado como CEO de OpenAI.

Altman también apuntó contra la idea de que una sola persona pudiera controlar la llamada AGI, sigla usada para hablar de una inteligencia artificial general. AP citó su explicación: “No creíamos que la AGI pudiera estar controlada por una sola persona”. También apuntó que Musk aseguró que el control de la compañía debía pasar a sus hijos si algo le pasaba a él.

Según el multimillonario, OpenAI habría usado una misión altruista para construir una empresa enorme. Mientras que OpenAI afirma que  Musk habría intentado quedarse con el control, no lo consiguió y después demandó a una compañía que ahora compite con su propia xAI.

En su página pública sobre el caso, OpenAI afirma que Musk exigió “full control” y que incluso quiso fusionar OpenAI con Tesla.

La pelea no está decidida. El veredicto del jurado será consultivo, lo que significa que la jueza Yvonne Gonzalez Rogers puede tomarlo como guía, pero conserva la última palabra. Es decir, el jurado puede marcar el camino, pero la jueza decide qué medidas legales aplicar en última instancia.

Fuentes

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