El juicio a OpenAI entró en una fase decisiva después de que Sam Altman declarara el martes 12 de mayo de 2026 en la tercera semana del proceso federal en Oakland, California.
Su testimonio apuntó al centro del conflicto: Elon Musk sostiene que OpenAI abandonó su misión original sin fines de lucro y se convirtió en una estructura orientada al beneficio, mientras Altman respondió que ese cambio fue necesario para reunir el capital que exige desarrollar sistemas de IA avanzados con criterios de seguridad.
La causa todavía no está resuelta. Por ahora, lo que hay son alegaciones de Musk, defensas de OpenAI y testimonios bajo juramento que el tribunal deberá valorar. Aun así, la comparecencia de Altman dejó más claro qué se está discutiendo de verdad: no solo una pelea entre fundadores, sino quién controla una de las empresas más influyentes del sector y bajo qué reglas se financia.
Qué defendió Sam Altman en el juicio a OpenAI
Altman rechazó la idea de que OpenAI y Microsoft hayan intentado quedarse con una organización benéfica. También negó el retrato de sí mismo como una figura deshonesta y dijo que se considera un empresario honesto y digno de confianza.
También contraatacó, abordando las discusiones que tuvieron con Musk cuando aún era parte de OpenAI y aspiraba a ser su CEO. Entre otras cosas, Altman aseguró que “un momento particularmente escalofriante fue cuando mis cofundadores le preguntaron al Sr. Musk: ‘Si usted tiene el control, ¿qué sucederá cuando muera?’. Él respondió algo así como: No lo he pensado mucho, pero tal vez debería dejárselo a mis hijos”.
La empresa mantiene esa misma tesis en su página pública sobre el caso, donde sostiene que Musk quiso control total y que después pasó a atacar a un competidor. Esa es la versión de OpenAI y debe leerse como tal, no como un hecho ya probado.
Altman también afirmó que Musk intentó repetidamente que Tesla absorbiera OpenAI y que él no creyó que eso encajara con la misión de la organización. Otro detalle relevante: Altman testificó que Musk quería controlar OpenAI y que en etapas tempranas buscó una participación dominante o una fusión con Tesla.
La línea central de la defensa de Altman fue práctica: OpenAI, según dijo, necesitó una estructura capaz de atraer enormes cantidades de dinero para seguir construyendo IA potente sin renunciar a objetivos de seguridad. Esa explicación responde directamente al argumento de Musk, que acusa a la empresa de haber traicionado su misión original al pasar a un esquema con fines de lucro.
Otro punto sensible fue el móvil del conflicto. Altman atribuyó la salida de Musk y la disputa posterior a los celos por el éxito de OpenAI y por el hecho de que Musk acabó creando un competidor contra sí mismo. Es una acusación políticamente fuerte, pero sigue siendo parte del relato de una de las partes. El tribunal aún debe decidir cuánto peso tiene frente a los correos, testimonios y documentos del caso.
Lo que está de fondo en el juicio a OpenAI está en lo que revela sobre la gobernanza de la IA. Musk sostiene que la transformación de OpenAI vació el espíritu benéfico con el que fue presentada al inicio. En la apertura del juicio, explicó que pide US$150.000 millones en daños contra OpenAI y Microsoft, con la idea de que ese dinero vaya al brazo caritativo de OpenAI, además de exigir que la organización vuelva a un modelo sin fines de lucro y que Altman y Brockman salgan de sus cargos.
OpenAI respondió en el proceso que Musk no está defendiendo una causa abstracta, sino intentando recuperar influencia sobre una empresa que no pudo controlar.
Musk declaró durante más de siete horas a lo largo de tres días y presentó su demanda como una defensa de la filantropía. Esa tensión entre idealismo, poder y competencia es justamente lo que vuelve este caso tan relevante para la industria.
Hay además señales de lo agresiva que se ha vuelto la disputa. Un escrito presentado por la parte demandada pidió introducir como prueba un mensaje que, según la presentación, Musk envió a Greg Brockman alrededor del 25 de abril. Allí decía que Brockman y Altman serían los hombres más odiados de Estados Unidos si seguían adelante. El tribunal a cargo consideró inadmisible ese intercambio. El episodio quizás no marque el juicio a OpenAI, pero sí muestra el nivel de presión alrededor del caso.
Sobre todo porque la disputa judicial coincide con movimientos recientes de la compañía, como la expansión hacia implementaciones empresariales más directas, donde el gobierno interno y el destino del capital dejan de ser un detalle legal y pasan a tener efectos concretos en productos, alianzas y prioridades.
En cualquier caso, lo que buscó apuntar la declaración de Altman parece bastante claro: este ya no sería solo un juicio a OpenAI en cuanto a su origen, sino una prueba pública sobre quién puede reclamar legitimidad para hablar de seguridad, misión y control en la carrera de la IA. La sentencia todavía está por llegar, pero el caso ya está marcando una discusión que probablemente seguirá mucho después del veredicto.
Fuentes


