No es fácil encontrar información confiable sobre Inteligencia Artificial, sobre todo en español. Comparativamente, en inglés hay mucho más, dado que las empresas y expertos que trabajan en el tema suelen tener su base en EEUU. Por eso es tan reconfortante encontrar libros, conferencias y entrevistas de maestros como don Ramón López de Mántaras, el mayor experto en IA de habla hispana.

Don Ramón acumula más de 50 años estudiando y desarrollando proyectos relacionados con Inteligencia Artificial. Desde los tiempos en que los logros de la IA no pasaban mucho más allá de conseguir un brazo robótico que pudiera imitar el movimiento humano en determinadas tareas. Entre tanto influencer vende humo, este profesor es una luz necesaria y urgente que todos los que aspiramos a informar correctamente sobre IA tenemos que agradecer.

Ese recorrido histórico que él suele relatar no es una anécdota nostálgica, sino una forma de poner en perspectiva el presente. Entender de dónde viene la IA permite dimensionar mejor qué es realmente nuevo, qué está sobrevalorado y qué limitaciones siguen siendo estructurales, aunque hoy se disfracen con interfaces más amables y potentes capacidades de cómputo.

Uno de los grandes méritos de Ramón López de Mántaras es su insistencia en separar el marketing de la ciencia. Frente a discursos grandilocuentes que prometen inteligencias casi humanas, él recuerda con calma que la mayoría de los sistemas actuales siguen siendo herramientas muy especializadas, sin comprensión real del mundo ni sentido común, por muy impresionantes que parezcan sus resultados.

La mirada de Ramón López de Mántaras desde la experiencia

Su mirada crítica es especialmente valiosa en un contexto donde abundan las predicciones apocalípticas o mesiánicas sobre la IA. En lugar de alimentar miedos o expectativas irreales, propone analizar los avances con rigor, evaluando qué problemas resuelven efectivamente y cuáles simplemente desplazan o maquillan.

También resulta refrescante su postura ética, que no aparece como un añadido tardío sino como parte central del desarrollo tecnológico. Para él, hablar de Inteligencia Artificial implica necesariamente hablar de responsabilidad, de impactos sociales y de las decisiones humanas que hay detrás de cada sistema automatizado.

En el mundo hispanohablante, donde muchas veces el debate llega traducido y filtrado desde otras realidades, voces como la suya ayudan a construir un pensamiento propio. No se trata de rechazar lo que viene de fuera, sino de contextualizarlo, entenderlo y adaptarlo a nuestras necesidades culturales, educativas y sociales.

Para quienes enseñamos, divulgamos o simplemente intentamos aprender sobre IA, contar con referentes así es un verdadero privilegio. No solo por la profundidad de sus conocimientos, sino por su capacidad pedagógica y su voluntad constante de explicar sin simplificar en exceso ni caer en tecnicismos vacíos.

En tiempos de titulares exagerados y promesas infladas, su trabajo nos recuerda que el conocimiento serio se construye lento, con método y con una sana dosis de escepticismo. Y que, al final, la mejor forma de prepararnos para el futuro de la IA no es creer ciegamente en ella, sino entenderla de verdad.

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